Del ayer viene el mañana. Del ayer, o sea un pasado cercano, que tuvimos en nuestras manos hace poco menos de unas horas, se pasa a un mañana, un futuro inequívoco que solo la muerte puede detener. No hay mañanas ni pasados entonces, porque lo que hoy es hoy, mañana es mañana y en el pasado fue ayer. Son secuencias de tiempo en el que la gente pone todos sus impulsos de aprehender cosas, de poseer conocimientos e intentar seguir una vida que ya está formulada por especialistas que pensaron que era lo mejor para ellos. Una vida estabilizada invadida por una rutina que crea mentes iguales para dejar de lado el pensamiento y las propias razones.
Ahora bien, yo supongo que las mentes pueden hacer algo para revelarse. No podrían hacerlo en un pasado, y dejarlo a la buena del mañana sería demasiado riesgoso; con lo cual solo nos quedaría un presente, demasiado cómodo para ponerlo en peligro. No queremos movernos, no queremos luchar, pero queremos cambios, ¿no es así? Si uno sigue con esta red de pensamientos, podríamos hasta llegar a decir que todo es inmutable entonces. Por que cuando el pasado fue presente nadie lo cambió, por lo cual construyó un mañana igual al ayer. Por lo tanto, el mañana que le sigue a este mañana, será exactamente semejante al mañana de hoy. Con lo cual, todos los mañanas van a ser iguales, así que te recomiendo que empieces a aceptar lo que no te gusta, te lo guardes en un bolsillo, te arregles el cuello de la campera y sigas caminando a este final que inevitablemente te espera cuando termina el túnel.
Sin embargo, hay en mí rastros del maldito mito de Sísifo, con lo cual creo ciegamente que no todos los mañanas van a ser iguales, y que la clave está en el presente. El hoy vendría a ser como una masa moldeable en mis manos, es más fácil dejarla como está sobre la mesita de luz, pero también podemos empezar a cambiarla. El mínimo giro que le des hoy, se habrá consolidado para mañana, con lo cual ya estaría en marcha un sistema de pequeños movimientos en los engranajes.
Lo que suele suceder, es que la gente no tiene ganas de darle forma a la masa. Se queja de un presente que es igual a un pasado, porque ya se cansaron de vivirlo, sin embargo no hacen nada para renovarlo.
Sigo creyendo después de esto, que el mañana depende de tu presente y no de tu pasado, como dice una canción que escuché una mañana de Septiembre cuando todo estaba en (casi) paz.
jueves, 3 de julio de 2008
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