Una vez más vuelto a entender que el tiempo no cura todas las heridas. Pero por lo menos, las cicatrices que deja no duelen mucho después de unos meses, ni a hablar después de un año. Los días que pasaban uno atrás del otro, me enseñaron que tenía que olvidar. No era una cuestión de ganas, lo tenía que hacer si quería recuperar aunque sea una parte de lo que solía ser.
No es fácil obligar a la mente de uno a no pensar en esas cosas. No es fácil agarrar los recuerdos por el cuello, e intentar ahogarlos en el silencio. Pero descubrí que si uno realmente lo intenta se puede. Depende de las ganas de ser feliz que uno tenga. De las ganas de desprenderse de eso que tanto queres, que te lastima pero que amas; de las ganas de que desaparezca, de que no exista, de verlo todo el tiempo; de aunque sea tenerlo cerca, de escuchar su voz, de saber que está bien.
Pero hay que seguir adelante, porque no es la muerte de nadie tener un corazón roto –pregúntale a cualquiera que tiene una historia para contarte.
Borré todo lo que me traía recuerdos. Y tomé la decisión de no pensar más. No fue tarea fácil. Constantemente se veían recuerdos a mi mente, pero me obligaba a pensar en otra cosa. Y si bien, las primeras veces fue difícil, la tarea se fue haciendo más fácil. Vas entiendo que tenes que hacerlo. Tenes que hacerlo. Mariana, tenes que hacerlo.
Me golpeé la cabeza contra la pared veinte veces. Avanzaba dos pasos, y retrocedía cinco cuando te veía de nuevo. Pero se puede. Verte ahora, significa una piedra en el estómago. Pero mientras no estás se puede ser uno mismo. Hay cosas que me recuerdan de vos, pero últimamente he empezado a descubrir, que traen una sonrisa a mi rostro. Quedaste como lo que fuiste, un buen recuerdo. Un buen momento. Procuré olvidar las veces que lloré, y que me sentí una idiota. Y guardé las que me hiciste reír y sentirme la mas afortunada.
Traté de explicarme muchas veces porque las cosas fueron así entre nosotros. Nunca te lastimé, ni te hice nada, pero vos elegiste este rumbo. Y será el destino –si existe- que eligió que no estemos juntos. Yo sentía que era la más apropiada para vos, y supe que podría haberte hecho feliz. Pero si no es lo que vos quisiste, no es mi culpa, y me quedo acá parada, sabiendo que hice lo que tenía que hacer, que dije lo que sentía y que no puedo hacer más. (Algún día volverás, y veremos lo que decido hacer con vos)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario