jueves, 22 de mayo de 2008

Las palabras se tornan sagradas. La expresión no me fue dada al nacer. Los sentimientos se vuelven confusos y la espuma que sale de tu garganta me hace pensar que tal vez no sea el mejor momento para decírtelo. La comunicación oral, las miradas, y el roce de su mano, no son cosas que ya pueda controlar.
Me guardaría todo para siempre, sino fuera que cada segundo que están dentro de mí comienzan a quemar. Y el párpado que me duele, y que me quema por dentro. Y yo solo tengo miedo que explote todo. Quema, quema, irrita, es una escoria. Se inflama, aumenta, se multiplica y va a explotar, ya lo sé, ya lo veo resquebrajándose.

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